lunes, 6 de enero de 2020

¿Te acuerdas de Quinocho?



- Joaquín Fernández Santomé, o "Quinocho", como mejor se le conocía, forma parte de la historia más negra del R.C Celta de Vigo, pero a la misma vez la más heroica en cuanto a su persona se refiere.

Un jueves 20 de octubre de 1988 a las 18:30 horas de la tarde, dos encapuchados entraron en la sede del Real Club Celta, sita en el estadio de Balaídos. El gerente y antiguo jugador del club, Quinocho, se hallaba en las oficinas del club preparando el desplazamiento que tenía que hacer el equipo a San Sebastián para disputar un partido de liga.
En aquellas oficinas casi desiertas, no había más botín que las ridículas ciento y pico mil pesetas que se iban a llevar los expedicionarios para sus gastos y el gerente. Ayudado por ángeles Santos, finiquita los últimos detalles mientras que Pilar y Dolores Comesaña se ocupan de las últimas tareas del día. Nadie podía presagiar la tragedia que ocurriría ese mismo día...

- Dícese que como jugador era un gran futbolista, siendo su demarcación la de defensor. Como persona, era de una humildad sin límites, así lo asentían las personas más allegadas a Joaquín, nacido el 17 de Mayo de 1932 en Vigo (Pontevedra).
Sus comienzos como futbolista fueron en el equipo de su barrio, el Casablanca. De aquella era extremo y jugaba por las dos bandas. Cuando contaba con diecinueve años de edad, Yayo, ex-jugador del Celta y entonces entrenador, le convirtió en defensor derecho, esa sería la demarcación que ejercería a partir de ese momento en toda su carrera.
El club celtiña lo cedió al Racing de Ferrol, pero al contemplar sus progresos en tierras ferrolanas, deciden traerlo de nuevo a Vigo. Quinocho sólo permanecería tres meses en Ferrol. En el Celta estuvo casi toda su carrera, nueve años defendiendo su club y su ciudad y siempre cumplidor en su oficio. Quinocho era un hombre querido y respetado allá donde iba. El mundo del fútbol le adoraba: directivos, técnicos, jugadores, afición... Todos veían en él un hombre honesto, comprensivo y con una sólida preparación.

Tras su largo periodo en el Celta, en 1962, quedó en libertad y ficharía por el Castellón, donde también sería muy querido. En el club castellonense se quedaría hasta 1974, primero como jugador y luego como secretario técnico, hasta que recibió la llamada del presidente del R.C. Celta, Antonio Vázquez.

Le propusieron ejercer como gerente de la entidad, cosa que no rechazó como buen celtista y vigués que era. No le hizo falta ni pensárselo, y Quinocho volvería a representar a su Celta, aunque esta vez desde los despachos.

Una ambulancia circulaba a alta velocidad por las calles de Vigo aquella oscura tarde de octubre, Joaquín Fernández Santomé había sido asesinado por dos desalmados atracadores. Quinocho se hallaba en su oficina hablando por teléfono cuando los sospechosos con rostro cubierto entraron en las oficinas del club. Ambos iban armados, uno con pistola y otro con un cuchillo.

Los jóvenes atracadores saltaron el mostrador para hacerse con el dinero, y el que poseía el revolver efectuó dos disparos en la mesa causando el pánico a los empleados del club. No obstante, "Quino" se armó de valentía y coraje para discutir con los atracadores ante la asustada mirada de las empleadas.
En medio de la discusión, el valiente de Joaquín lanzó un cenicero para defenderse presa de la ira y a causa de ello uno de los asesinos le asestó una puñalada tras exclamar que estaba muy nervioso. Esa puñalada provocó una herida de cuatro a cinco centímetros de profundidad que atravesó el espacio intercostal llegando hasta el heroico corazón de Quinocho, quien falleció casi instantáneamente.

Sus últimas palabras, ya casi sin vida, fueron para su compañera ángeles: "Cógeme Angelines, cógeme que muero". Joaquín ingresó ya cadáver en la clínica de Povisa y el doctor Francísco Peralta, sólo pudo certificar su muerte.

Mientras, el médico del Celta, Genaro Borrás, especificaba que el arma había partido en dos la pulmonar y la aorta, lo que hizo que el gerente céltico muriera prácticamente en dos minutos. El partido de Liga frente a la Real quedó pendiente en señal de luto por la muerte de Quinocho, y el corazón de todos los celtistas quedó paralizado ante tan trágica muerte.


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- Sus restos mortales recibieron sepultura en el cementerio de Pereiró ante la tristeza de la multitud. A las 48 horas, la policía identificaba a los asesinos en posesión de las armas que causaron el fallecimiento del bueno de Joaquín.
Angelines, Pilar y Dolores nunca olvidarán este amargo momento de sus vidas, así como tampoco se olvidará el celtismo de la heroicidad de esta gran persona y gran profesional que dio su vida por el club de sus amores, su "Celtiña ".

Quinocho ha sabido demostrar dentro y fuera del campo su amor por el Real Club Celta de Vigo. Todos adoramos y respetamos a un hombre que defendió a nuestro equipo hasta la muerte, la cual fue un valiente pero injusto final para su familia y el celtismo. Sobre el trágico suceso de su muerte podéis visitar Fame Celeste

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